jueves, 18 de febrero de 2010

La Máscara



Siempre una máscara
con la fina mano sostenida,
siempre una máscara delante del rostro...

La muñeca en verdad,
sosteniéndola grácil,
cumplía su función.
A veces, no obstante,
había un temblor,
un tenue espasmo de los dedos,
tan leve, tan leve,
al sostener la máscara.

Años, años y mas años estuve preguntándome
sin atreverme a decirlo,
hasta que al fin,
armándome de de valor,
miré detrás de la máscara.
Pero no encontré nada:
No había cara.
Ella se había convertido en una mano,
sólo una mano,
una mano que sostenía una máscara
con mucha gracia.

Anónimo

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